Recuerdo aún con claridad mis primeros años de matrimonio. Al regreso de nuestra luna de miel ya esperaba mi primer hijo y él trabajaba a cargo de doce mujeres que yo no conocía. Fueron años horribles imaginándome todo tipo de películas entre él y ellas. Y, por supuesto, toda reunión, viaje o lo que fuese, se transformaba en una gran pelea. Yo, además, había decidido dejar de trabajar un tiempo para criar a mi hijo, lo que mantenía mi cabeza enrollada casi todo el tiempo. Así, confieso que fui de las mujeres que registra el celular, revisa los correos electrónicos y hasta el computador de la pareja. Una locura desgastante y autodestructiva.
Sin embargo, como nunca encontré nada y como mis celos estaban destruyendo la relación, trabajé en ellos en pro de nuestro matrimonio. Hoy, pese a tener celos, los manejo de mejor manera y no se los hago saber… salvo determinadas situaciones. Lo que está bien, pues también ayuda a que él se sienta atractivo para mí. El problema es cuando estos celos traspasan toda ‘normalidad’. Es decir, cuando te cela el hecho que salga con sus amigos, el que hable con una familiar e incluso te moleste que hable con su hermana. En esos casos se habla de celos patológicos, los que llegan a tal obsesividad que la persona puede llegar al descontrol y la violencia.
Sin embargo, como nunca encontré nada y como mis celos estaban destruyendo la relación, trabajé en ellos en pro de nuestro matrimonio. Hoy, pese a tener celos, los manejo de mejor manera y no se los hago saber… salvo determinadas situaciones. Lo que está bien, pues también ayuda a que él se sienta atractivo para mí. El problema es cuando estos celos traspasan toda ‘normalidad’. Es decir, cuando te cela el hecho que salga con sus amigos, el que hable con una familiar e incluso te moleste que hable con su hermana. En esos casos se habla de celos patológicos, los que llegan a tal obsesividad que la persona puede llegar al descontrol y la violencia.
Por lo mismo, en muchos de estos casos se produce una alteración en la percepción de la realidad, existiendo pensamientos infundados de traición y abandono. Claro, el alto índice de mujeres infieles, provocan tal temor, que aumentan las ansias de controlar la vida de sus parejas como sea. Y es que los celos, por lo general, se deben a inseguridades y al deseo de control sobre el otro, lo que hay que aprender a manejar pues es muy dañino para la relación y para la vida de una misma.
Si el hombre tiene la intención de engañarte, lo hará aunque tú estés las 24 horas del día sobre él. Encontrará la forma de hacerlo, te lo aseguro. Por eso, si eres de las mujeres que siguen a sus parejas y hurgan en toda su privacidad, te invito a que dejes de hacerlo y evalúes incluso tomar terapia sicológica para mejorar tu autoestima y entender que el verdadero amor está justamente en la libertad de ser de cada individuo. Las tentaciones siempre están, pero la libertad individual te permite elegir volver cada día a los brazos de tu pareja porque es lo que tú quieres.
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